Dancing Huaylash
Cuando era adolescente uno de las expresiones danzisticas que mayor dificultad me demandó aprender fue el Huaylash y su repiqueteado e incansable zapateo.
Ya cuando por fin ingresé a la universidad y me tocó otra vez -por elección propia- proseguir en el afán de aprender -entre la diversidad de expresiones culturales danzadas que existen en el Perú- este ritmo de intensa fuerza, expresión y alegría.
En aquellos años luego de un intenso autonálisis pude comprender por fin que mi principal obstáculo para aprender esta danza no radicaba en un problema corporal mío sino más bien en uno que se le alojaba en mi cerebro. Sí señores, sucedía que en lo más profundo de mi memoria selectiva y mi sistema de relacionamiento e identificación para con mis pares y los circulos a los que medianamente pertenecía, los ritmos de origen serrano no formaban parte del canon cultural aceptado salvo en aquellas ocasiones donde la tradición no era entendida salvo como espectáculo que era ensayado para alguna actividad escolar extra curricular.
Pasada más de una década, cada día continúo aprendiendo un poco más acerca de este ritmo que no sólo vibra y huapea en los corazones de raíces huancas. En el exterior, donde alguna colonia de migrantes peruanos ha logrado afincar, nuestra tradición serrana de taco repiqueteante está también presente y valorada en espacios públicos y privados. Con cada nueva canción, nuestros connacionales presos de la emoción, se sumergen en este ritmo -mezcla de celebración, cortejo y desenfreno pueril- hasta literalmente quedar rendidos de cansancio con la frase última de audaz zapateo.
Continúo conversando con Gerson, cuya vocación y entusiasmo por este ritmo que ha sido heredado de su familia de sangre Huanca, motiva también en mí un renaciente interés y cariño por este ritmo que siempre me ha tomado medio desprevenida en tierras serranas y algunos espacios familiares donde mi no dominado repiquetear me ha puesto otorgado el calificativo de forastera ante propios y familiares.
Gerson es paciente al explicar. Y yo un poco lenta para entender. Pese a eso de nuestra conversación concluyo que sin dudas el Huaylash es un producto cultural pero también una tradición social vigente y relevante para la historia de nuestras naciones americanas, y por ello sin duda merece ser llamado Patrimonio Intangible de la Nación ¿peruana? o ¿huanca?.
Dejando de lado un poco la reflexión teórica, les comento que Gerson se ha tomado la molestia de enseñarme -a través del Youtube- los diferentes estilos que en Lima se practican al interpretar el Huaylash. Eso o al menos algunos de aquellos que pueden ser identificables.
El primero (clásico, que es el que yo conocí y aprendí, y que, según me comenta mi guía en el mundo del Huaylash, es el estilo limeño)
El segundo (que lleva un “picadito” bastante agradable en los pies)
El tercero (que pertenece a la agrupación donde mi amigo baila)
Y de allí fin. Si más adelante les interesa el tema, tengo interés en realizarle una entrevista a este joven cultor y exponente del arte huanca, por lo que no olviden siempre estar atentos a las actualizaciones de este blog.


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